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La “privatización”

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Maldita palabra, o palabra maldita, raro es el día que no la escuchamos unas cuantas veces. Si se habla de carreteras, “privatización” al canto; que es de servicios aeroportuarios o de Anea, “privatización” en ciernes; que es de Loterías, “privatización” en breve, aunque de un año a esta parte de ésta escuchamos menos, tal parece que ha pasado a mejor vida, al menos por ahora, sin que nadie sepa por qué.

Pero las que se llevan la palma son la enseñanza y la sanidad. Cambiar lo más mínimo en ellas es un intento gubernamental de privatización que la oposición no está dispuesta tolerar. Y automáticamente se organizan paros, encierros, manifestaciones y actos de protestas por todos lados, a veces sin atender a razones y mucho antes de que los de a pie sepamos los pormenores del anuncio gubernamental.

Es de comprender que las izquierdas del país y sus dos sindicatos afines -pues el ideario de ambos así lo indica- estén en contra de toda privatización sea cual sea el ámbito en el que sospechen se pueda producir. Lo que no es comprensible es que - siendo como es de ambiguo el anuncio gubernamental- en el caso de los hospitales intenten infundir en la opinión pública el miedo a un futurible pago por ir al médico, cuando lo que –hasta ahora- se sabe es que algunos hospitales privatizarán su gestión sanitaria, más “no” la atención sanitaria, que seguirá siendo pública.
Como usuario, todavía no me han pedido en ningún centro de la Red Pública Sanitaria de Madrid, con gestión pública o particular, la tarjeta de crédito a la hora de utilizar un servicio sanitario como se habló en su día, y me siguen atendiendo con la cartilla de la Seguridad Social y, todo hay que decirlo, con la mayor corrección y amabilidad posible, aparte de la indudable profesionalidad. Y si esto va a seguir siendo así, lo único que quiero es que el reloj funcione bien, no me interesa saber el tipo de maquinaria que tiene.

Esto no quiere decir en ningún modo que esté a favor de la privatización, o que no apoye las manifestaciones pasadas y futuras en contra de cualquier atisbo de trasladar al bolsillo de los ciudadanos el coste de cualquier servicio, llámese sanitario, académico, o de otra índole. Pero en este momento, no es el caso. Lo que sí quiere decir es que realmente lo que peligra con estos anuncios de privatización es el puesto de trabajo de los interinos que hasta ahora han ejercido su profesión de forma impecable, profesional, cabal, intachable y ejemplarizante. Y de los que no. A los primeros, cuenten con nuestro apoyo.

Comentarios - total 1

Como trabajador del Hospital Infanta Leonor, lo que me preocupa no es mi puesto de trabajo (espero poder trabajar en este o en otro hospital de la red pública), sino las condiciones en que me van a obligar a prestar la atención al ciudadano/usuario de los mismos. Efectivamente, pueden estar en juego los puestos de trabajo de muchos trabajadores, lo que significará que la calidad asistencial disminuirá. Investiguen un poco el ratio de enfermeras por planta en este hospital y el de, por ejemplo, Valdemoro, perteneciente a Capio. Verán que quí hay 3-4 enfermeras por planta (atienden a 8-10 pacientes) y en Valdemoro hay 2 para 30 camas. Si creen que la atención que se presta es la misma, que no les pille ingresados y con dolores postoperatorios y tengan que esperar mucho tiempo a que les administren medicación.
Por otro lado, el movimiento no se ha originado por sindicatos o partidos políticos, sino que fuimos los propios trabajadores quienes decidimos encerrarnos en los hospitales y organizarnos para oponernos firmemente ante lo que creemos que es un atentado contra la seguridad de los pacientes y la propia nuestra (nosotros también somos pacientes en muchas ocasiones). Por que trabajamos en ello sabemos las posibles consecuencias que la privatización de la sanidad puede conllevar. No puede primar el resultado económico a la salud de la población. No puede "sobrar" dinero y pagar sueldazos a consejos de administración y no comprar otro scanner que haga falta.

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