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A propósito de los cambios de nombres

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Los cambios de nombres se hacen por varias razones. Hay personas que eligen cambiarse el nombre porque no les gusta el que le pusieron sus padres, otros por razones legales, hay quienes lo hacen para evitar acoso y quienes se empeñan porque sí. Hay veces en las que el cambio de nombre va más allá de una persona y llega hasta la empresa, la mayoría tras la venta de acciones, la necesidad de darle una nueva imagen o, incluso, de desviar fondos (se han dado casos). La historia nos reserva, por ejemplo, verdaderas curiosidades de cambio de nombre de países, no siempre bien avenidos. Así, en 1989 el gobierno militar de Birmania fruto de un golpe de Estado en 1988, cambió el nombre del país por el de Unión de Myanmar. Bohemia pasó a llamarse Checoslovaquia en 1918 al unirse a Eslovaquia, y República Checa en 1993 al volver a separarse. Más cercano tenemos el cambio de nombre que hizo el fallecido Hugo Chávez a Venezuela, a la que llamó "República Bolivariana de Venezuela" pidiendo, incluso, que en el listado de países pasase a situarse en la B (de Bolivariana) en vez de seguir en la V (de Venezuela), algo que no logró, como sí logró implementar otros cambios extravagantes de nombres como el de la moneda (ahora se llama Bolívar Fuerte) y algo peor: el de las instituciones (ejemplo el Ministerio de Relaciones Exteriores pasó a llamarse Ministerio del Poder Popular para las Relaciones Exteriores). Exabruptos que, por cierto, logró después de cambiar, nada más y nada menos que la Constitución. Cosas del socialismo del siglo XXI.

Pero volviendo a lo nuestro, el cambio de nombres, está demostrado que, salvo en los casos de extrema necesidad legal de una persona o empresa, no siempre traen consigo mejoras. A veces resultan mero maquillaje que sólo cambia la forma externa y conserva el fondo, el que sea, pero el mismo. Si hay pobreza, la sigue habiendo, si hay riqueza, la sigue habiendo. Un cambio de nombre no garantiza un cambio de fondo. Así las cosas, ¿a qué viene proponer cambiarle el nombre al Ensanche de Vallecas? Con razón, y con toda la razón, la Asociación de Vecinos "PAU del Ensanche de Vallecas" (que así se llama desde ya 10 años) ha protestado. Y no es para menos, llevan 10 años viviendo en el "Ensanche de Vallecas", no en Las Suertes ni en La Gavia, ni si quiera en "El Ensanche" como quiere llamarle el concejal Pérez, porque "ya se sabe dónde está", según adujo él mismo a los vecinos. Si tan siquiera se asomara la posibilidad de que este cambio de nombre iba a traer inherentemente los recursos necesarios para su completo desarrollo, quizá algunos vecinos se lo pensaban, pero es que no es así. Cambiarle el nombre al Ensanche de Vallecas no garantiza que vaya a tener inmediatamente los equipamientos que necesita. En vez, tardaría más (tiempo y dinero) entre consultas, papeleos, trámites y burocracia varia, algo que también retrasaría la llegada del polideportivo o el centro cultural que tanto le hacen falta. Mero cambio de forma, que no de fondo. Esperemos que esta propuesta y "nombre provisional" del Ensanche de Vallecas se quede como está, y sea una mera anécdota dentro de las muchas que rodean a este "no barrio" desde su fundación, cuyos vecinos merecen un debate municipal a la altura de las circunstancias, que vaya al fondo de los problemas, no a las formas.

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