Efrén J. Rodríguez: «El ocio es un reducto de libertad»

En esta época de #YoMeQuedoEnCasa, estamos viendo muchas iniciativas de ocio en casa, conciertos, visitas a museos, aprender poesía, películas y libros gratuitos, etcétera. Pero se me ocurren varias cosas que le puedan pasar a las personas en estos días con respecto a todas esas ofertas, como por ejemplo, que no tengan tiempo porque se han  llenado de actividades del “teletrabajo” (por no saber administrar el tiempo o no poner sanos límites al hecho de trabajar desde casa), o que tengan demasiado tiempo libre y la ansiedad no les permita buscar ninguna de estas opciones.

Para conversar en profundidad sobre este asunto, hemos preguntado a Efrén J. Rodríguez, Doctor en Ocio, Cultura y Comunicación para el Desarrollo Humano, por la Universidad de Deusto, para que nos cuente sobre la importancia del ocio en tiempos de confinamiento.

Revista Santa Eugenia: Tenemos asociado el ocio a actividades externas: el cine, el teatro, un museo, un bar, un restaurante, un parque, etc. Ahora que estamos todos en casa, y que hemos tenido que cambiar de rutinas no solo en España, sino en varios países del mundo, ¿qué papel juega el ocio y cómo podemos re-definirlo?

Efrén J. Rodríguez: Personalmente, entiendo el ocio como un reducto de libertad. Es decir, a partir del simple hacer lo que «me gusta» descubrimos que el ocio nos define. Se trata de un acto de afirmación personal. Sin embargo, a veces pareciera que las prisas del día a día desdibujan nuestra identidad y terminamos asumiendo una agenda que no nos es propia. El ocio, por tanto, juega un papel clave en nuestra calidad de vida y la actual emergencia del COVID-19 lo ha colocado en el centro de nuestros hogares.

R.S.E.: ¿Por qué es tan importante tener espacios de ocio muy determinados en esta rutina de estar en casa?

E.J.R.: La vida no sólo es trabajo o teletrabajo. Toda persona necesita desconectar. Ciertamente, tenemos obligaciones, pero cultivar nuestras vidas con actividades tan variadas como la lectura, el ejercicio físico, el juego o la música nos hace mejores seres humanos.

R.S.E.: Es curioso que estamos teniendo la oportunidad tanto de volver a las viejas costumbres de ocio (leer, pintar, jugar, ¡hablar con las personas con las que vivimos!) pero a la vez estamos teniendo opciones maravillosas gracias a la tecnología, ¿Qué podrías comentarnos con respecto a esto?

E.J.R.: Sí. El ocio digital expande nuestras posibilidades. Por ejemplo, con la proliferación de plataformas digitales, la oferta audiovisual resulta abrumadora. Así que lo difícil es saber elegir. En este sentido, debemos asumir que una pedagogía del ocio también es necesaria. A fin de cuentas, la vida exige equilibrio. Los excesos, en cualquier ámbito, terminan por pagarse a un precio muy elevado.

R.S.E.: ¿Cuáles serían tus principales recomendaciones de cara al confinamiento y el ejercicio del ocio?

E.J.R.: Asumir que el ocio es acción y organizar una agenda que responda a nuestras necesidades. Por ejemplo, utilizando verbos como escuchar, leer, escribir o jugar podemos dotar a cada uno de ellos de diferentes contenidos. Algunos querrán escuchar música clásica, pero otros jazz o blues. Otros leerán narrativa mientras que otros optarán por el ensayo. La clave está en disfrutar de la experiencia. No en balde, los estudios de ocio insisten en hablar del carácter autotélico del mismo. Es decir, actividades que se contienen a sí mismas, que se realizan no por la esperanza de algún beneficio futuro, sino simplemente porque la mayor recompensa está en hacerlas.

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